Segunda Cumbre de IA
Internacionalización de vivienda

VIVIENDA SIN FRONTERAS

Edición 105 |

La internacionalización de la vivienda representa más que ventas. Es una oportunidad para conectar al país, atraer inversión, fomentar el desarrollo regional y diversificar las fuentes de crecimiento del sector.

Durante años la vivienda fue vista como un activo estrictamente local. Se construía, se vendía y se habitaba en el mismo territorio. Una de las grandes señales de sentar cabeza y de establecerse en un lugar se enmarcaba justamente en ese objetivo: ser propietario. Ese paradigma ha cambiado a nivel internacional y Colombia ha seguido la tendencia.

La vivienda dejó de ser un bien no transable para convertirse en un activo global: se compra desde afuera, se valora como inversión patrimonial y se proyecta como parte del arraigo afectivo, una aspiración de bienestar, o un activo de quienes están más allá de una frontera.

No hablamos de exportar casas en contenedores, aunque los sistemas prefabricados existen, sino de algo más potente: atraer compradores desde otras regiones del país o desde el exterior, aprovechando la diversidad geográfica, los precios competitivos por metro cuadrado y la amplia oferta de proyectos en destinos turísticos, urbanos e intermedios.

UN MERCADO QUE NO SE DETIENE EN LA GEOGRAFÍA 

Según la medición realizada por Camacol en marzo, a través del Sistema de Información Coordenada Urbana, cerca del 9 % de las ventas de vivienda nueva en Colombia corresponde a compradores que no residen en el país, ya sean colombianos en el exterior o extranjeros. A esto se suma que el 15,2 % de las ventas las realizan personas que viven en un departamento distinto al del proyecto, lo que confirma una transformación profunda en la forma cómo se mueve el mercado inmobiliario: uno de cada cuatro compradores no vive donde está comprando.

Bogotá y Cundinamarca lideran como emisores de demanda interregional. Y entre los compradores internacionales, Estados Unidos concentra el 58 % de las adquisiciones por parte de extranjeros, lo que revela no solo la magnitud del interés, sino el potencial de consolidar una estrategia de atracción sostenible.

Entre las regiones con vocación receptora se destaca Quindío, que hoy es el principal destino para la inversión de los colombianos que viven en el exterior, seguido por Bolívar y Magdalena. En el caso de los extranjeros, Antioquia y Santa Marta sobresalen en proyectos No VIS por su oferta turística, su conectividad y su valorización. La mayoría de estas compras combina objetivos de inversión, vacaciones, retiro o apoyo familiar. Pero, sobre todo, responden a un mismo impulso: construir patrimonio desde la distancia. 

Internacionalización de vivienda

UN SEGMENTO CONTRACÍCLICO PARA EL SECTOR

En el caso de las ventas para no residentes en el país, la dinámica de este segmento tiene un valor estratégico que no depende de los ciclos locales. Mientras el mercado interno puede verse afectado por tasas de interés, inflación o cambios normativos, la demanda externa responde a dinámicas distintas: migración, tasas internacionales, ahorros en moneda fuerte y vínculos familiares. 

Esto permite cerrar brechas de financiación en momentos de desaceleración, aportar liquidez y mantener el pulso de la actividad edificadora, incluso cuando la demanda interna se enfría. En otras palabras, se convierte en una válvula de escape que equilibra el ciclo del sector.

PROYECTAR LA VIVIENDA DE COLOMBIA EN EL MUNDO 

Desde Camacol esta realidad no se asume como una tendencia pasajera, sino como una línea estratégica de política sectorial. El reto ya no es describir lo que está ocurriendo, sino construir las condiciones para que este mercado crezca y para ello hay que visibilizar la oferta nacional en plataformas, fortalecer alianzas financieras, eliminar barreras normativas y articular a las regiones receptoras. 

La internacionalización de la vivienda representa más que ventas, es una oportunidad para conectar al país, atraer inversión, fomentar el desarrollo regional y diversificar las fuentes de crecimiento del sector. 

En síntesis, Colombia es atractivo, diverso y competitivo en precios. Ahora el desafío es aprovechar ese potencial para que más colombianos y extranjeros encuentren en la vivienda un puente entre sus raíces, su futuro y su patrimonio.