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                                    cuenta con 11,2 millones de hogares que no son propietarios de vivienda. De ellos, cerca de 7,8 millones tienen ingresos inferiores a dos salarios m%u00ednimos. A esto se suma un d%u00e9ficit habitacional que afecta a 4,8 millones de hogares y una din%u00e1mica demogr%u00e1fica que cada a%u00f1o incorpora m%u00e1s de 230.000 nuevos hogares urbanos, mientras el pa%u00eds produce menos de 115.000 viviendas formales anualmente.La brecha es evidente y exige una respuesta de largo plazo. Por esa raz%u00f3n, desde Camacol, junto con Asobancaria, Asocajas y con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo, construimos una propuesta integral de pol%u00edtica habitacional orientada a recuperar la confianza, fortalecer las capacidades institucionales y generar herramientas que permitan ampliar el acceso a la vivienda formal para los colombianos de menores ingresos. Los subsidios siguen siendo una herramienta necesaria para miles de familias que, aun teniendo capacidad de pago, requieren un apoyo inicial para cerrar la brecha de acceso. Una nueva generaci%u00f3n de programas, m%u00e1s eficiente, focalizada y articulada con las necesidades actuales del mercado, puede convertirse en un poderoso instrumento de inclusi%u00f3n social y dinamizaci%u00f3n econ%u00f3mica.No obstante, la vivienda no puede sostenerse %u00fanicamente sobre subsidios. El ahorro, el cr%u00e9dito, la financiaci%u00f3n de largo plazo y la estabilidad regulatoria deben formar parte de la misma ecuaci%u00f3n. Hoy, miles de hogares cuentan con recursos para una cuota inicial, pero encuentran barreras en el costo del financiamiento. Por ello resulta fundamental fortalecer mecanismos de ahorro, ampliar las coberturas a las tasas de inter%u00e9s y promover instrumentos que faciliten el acceso al cr%u00e9dito hipotecario.Igualmente importante es la gesti%u00f3n del suelo y la modernizaci%u00f3n de los procesos que permiten desarrollar proyectos de vivienda. La estrategia tambi%u00e9n debe reconocer que las soluciones habitacionales son diversas. La construcci%u00f3n de vivienda nueva es fundamental, pero igualmente relevantes son la legalizaci%u00f3n de barrios, el mejoramiento de viviendas existentes, la renovaci%u00f3n urbana y la atenci%u00f3n del d%u00e9ficit en las zonas rurales, que contin%u00faa afectando a millones de hogares en distintas regiones del pa%u00eds. Cada territorio requiere herramientas adaptadas a sus realidades sociales, econ%u00f3micas y geogr%u00e1ficas.Adem%u00e1s de reducir el d%u00e9ficit habitacional, permitir%u00eda dinamizar m%u00e1s de treinta actividades econ%u00f3micas relacionadas, impulsar la inversi%u00f3n privada, fortalecer las finanzas territoriales y generar cientos de miles de empleos formales cada a%u00f1o. Tambi%u00e9n contribuir%u00eda a reducir la informalidad urbana y a consolidar ciudades m%u00e1s ordenadas, sostenibles e inclusivas.La democracia ya cumpli%u00f3 una tarea fundamental al permitir que los ciudadanos expresaran su voluntad en las urnas. Ahora corresponde a todos los sectores %u2014Gobierno, Congreso, regiones, sector privado y sociedad civil%u2014 trabajar conjuntamente para convertir la vivienda en una de las grandes prioridades nacionales.Como lo anot%u00e9, es momento de recuperar la vivienda no solo en las grandes ciudades, sino en el campo y en todos los rincones del pa%u00eds. A esto debemos sumarle intervenciones de mejoramiento que, en conjunto, nos permitir%u00e1n atender las necesidades de los hogares de forma integral. La vivienda debe entenderse como una pol%u00edtica de Estado y no como una discusi%u00f3n coyuntural. Construir un pa%u00eds m%u00e1s pr%u00f3spero exige levantar estructuras s%u00f3lidas sobre bases firmes. Y pocas bases son tan importantes como la posibilidad de que millones de familias accedan a una vivienda propia, segura y de calidad. Edici%u00f3n 108 5
                                
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