¿PARA QUIÉN ESTAMOS CONSTRUYENDO VIVIENDA EN COLOMBIA?
Las dinámicas demográficas, sociales y económicas están reconfigurando la manera en que concebimos, diseñamos y desarrollamos los espacios habitacionales. Hay una transformación en la estructura etaria y las grandes familias que buscaban casa quedaron atrás, para dar paso a pequeños hogares que buscan espacios adecuados a nuevas necesidades.
El país tiene una nueva realidad poblacional marcada por tres cambios importantes: menos nacimientos, familias con menos hijos que antes; mayor longevidad, las personas viven más años, y más migración, es decir, hay mayor movimiento de población entre regiones y desde otros países. Estos factores llevaron al DANE a revisar sus cálculos sobre cuántos habitantes tendrá Colombia en el 2050. En julio del 2024 ajustó sus proyecciones, y ahora estima que habrá 55,7 millones de personas; 2 millones menos de lo previsto (57,7 millones).

UNA SOCIEDAD QUE ENVEJECE
No solamente está disminuyendo la cantidad de habitantes, sino que también hay una transformación profunda en la estructura etaria (por edades). En el 2025 los menores de 15 años representan el 24 % de la población, y los mayores de 62 años el 14 % aproximadamente. Se estima que al 2050 los menores de 15 años serán el 15 % de la población, y los mayores de 62 años, el 23 %.
Esto significa que la tradicional pirámide poblacional está cambiando hacia una figura semejante a una campana, reflejando una reconfiguración de la fuerza laboral y de los grupos que requieren atención y cuidado. Una transformación que afecta directamente el crecimiento económico, el diseño urbano, la infraestructura social, y, por supuesto, el tipo de vivienda que se debe construir.
HOGARES PEQUEÑOS, NECESIDADES DIVERSAS
Aquí hay un hallazgo interesante: aunque la población total crecerá menos, la demanda de vivienda no disminuirá. De hecho, se espera que el número de hogares pase de 18,8 millones a 26,9 en las próximas 3 décadas. ¿Por qué ocurre esto? Porque el tamaño promedio de los hogares está disminuyendo. Cada vez más personas viven solas, hay menos hogares con hijos, los adultos mayores requieren soluciones habitacionales específicas, los jóvenes profesionales buscan espacios diferentes, las mujeres cabeza de hogar tienen requerimientos específicos y los migrantes necesitan soluciones habitacionales flexibles.
Este nuevo panorama impulsa al sector a avanzar en la diversificación de su oferta inmobiliaria. La vivienda está evolucionando en sus características integrales, incorporando mejores diseños, eficiencia en el consumo de recursos y mayores estándares de calidad.
Las nuevas generaciones, por ejemplo, en muchas ocasiones –por encima de áreas más amplias– prefieren ubicaciones estratégicas que reduzcan tiempos de desplazamiento y ofrezcan cercanía a zonas de trabajo, estudio y entretenimiento. Este segmento de compradores valora, además, la disponibilidad de servicios como gimnasios, zonas BBQ, coworking o áreas verdes, que complementan el espacio privado y ofrecen más calidad de vida.

La creciente diversidad en la demanda exige flexibilidad en el diseño, innovación en los modelos de negocio y una visión más inclusiva de ciudad.
El sector ha comenzado a responder a estos desafíos. Según datos de Coordenada Urbana, el sistema de información georreferenciada de CAMACOL, cerca del 10 % de las edificaciones en construcción adoptan modelos no tradicionales de comercialización de vivienda, orientándose hacia esquemas, por ejemplo, de arrendamiento especializado como el multifamily, senior living y coliving, entre otros.

Aunque la población total crecerá menos, la demanda de vivienda no disminuirá. De hecho, se espera que el número de hogares pase de 18,8 millones a 26,9 en las próximas 3 décadas.
PLANEACIÓN URBANA CON VISIÓN DE FUTURO
La transformación demográfica también implica una reconfiguración del tejido urbano. Las ciudades deberán adaptarse para ofrecer servicios sociales adecuados, infraestructura de salud accesible, espacios públicos inclusivos y sistemas de movilidad pensados para una población más envejecida y diversa. Esta evolución no puede ser reactiva, debe ser anticipada desde la planeación territorial y la política pública.
Desde CAMACOL, hacemos un llamado a fortalecer los mecanismos de articulación entre el sector privado, el gobierno y la academia, con el fin de abordar de manera más profunda los retos y oportunidades que plantea la transición demográfica. Por nuestra parte, avanzaremos en comprender para quién estamos construyendo, y en desarrollar proyectos inmobiliarios cada vez más adaptados a estas nuevas necesidades, que garanticen el acceso a soluciones de vivienda digna y de calidad.

