Colombia 2026-2027: crecimiento con ancla en la demanda y la inversión como reto clave
- Según BBVA Research, el PIB crecerá cerca de 2,7 % en 2025 y 2,8 % entre 2026 y 2027. Además, la demanda interna se mantendrá como el principal soporte.
Mauricio Hernández, economista principal de BBVA Research
Antes de hablar de Colombia veamos el panorama global. La economía mundial avanza hacia un aterrizaje suave: el crecimiento resiste mejor de lo previsto en las economías avanzadas, la desinflación continúa —con la Eurozona cerca de su objetivo— y los bancos centrales transitan hacia recortes graduales y cautos. Las condiciones financieras han mejorado, aunque persiste la volatilidad por la incertidumbre geopolítica y fiscal, con un dólar relativamente firme. A la vez, el reordenamiento del comercio, la política industrial y la inversión en Inteligencia Artificial (IA) y en transición energética reconfiguran los motores del ciclo.
En Estados Unidos (EE. UU.) el crecimiento se apoya en un consumo resiliente y en una inversión asociada a la IA, con enfriamiento marginal del mercado laboral y una inflación todavía sobre la meta; la Reserva Federal (Fed) prioriza una normalización gradual y dependiente de datos, con sesgo prudente ante tarifas y un frente fiscal tensionado.
En la Eurozona, el crecimiento es moderado, la inflación converge al 2 % y el Banco Central Europeo (BCE) ha cerrado el ciclo de recortes y permanece en espera, con riesgos por la incertidumbre político-fiscal, presiones salariales y debilidad industrial. En China, el PIB se estabiliza apoyado en consumo y exportaciones, con desequilibrios por el ajuste inmobiliario y menor tracción del crédito; el Banco Popular de China (PBOC) mantiene margen para ajustes y la estrategia refuerza autosuficiencia tecnológica, demanda interna y agenda verde.
Balance reciente de la economía colombiana
La actividad económica creció en el tercer trimestre del 2025: el PIB aceleró con fuerza, apoyado en una demanda interna más firme. El consumo privado fue resiliente y el gasto público ganó dinamismo, mientras la inversión se mantuvo heterogénea: el segmento ‘maquinaria y equipo’ volvió a liderar y la construcción siguió rezagada —con repunte en obras civiles, pero debilidad en edificaciones—. Por el lado externo, el mayor crecimiento de importaciones frente a exportaciones restó al PIB. Los indicadores de alta frecuencia confirmaron una senda de mayor actividad hacia el cierre del trimestre.
En precios, la inflación repuntó por alimentos y la canasta sin alimentos (bienes y regulados), señal de demanda algo más sólida. En el mercado laboral, la desocupación bajó frente a un año atrás, con creación neta de empleo y salarios reales al alza. Con este telón de fondo, la Junta del Banco de la República mantuvo la tasa de política en 9,25% y un tono cauto y dependiente de datos.
Las perspectivas de Colombia de 2025 a 2027
En este periodo se prevé un crecimiento con ancla en la demanda interna.
Proyectamos que el PIB crecerá en torno al 2,7 % en 2025 y a 2,8 % entre 2026 y 2027. La demanda interna se mantendrá como el principal soporte, mientras que la demanda externa neta restará en 2025 y menos entre 2026 y 2027; al final, la expansión será algo más balanceada, aunque aún inclinada al mercado doméstico.
El consumo privado continuará expandiéndose sin una aceleración marcada. El ingreso real avanza a un ritmo estable y, como el ahorro crece menos que el ingreso, hay espacio para más gasto sin ajustes bruscos. Se suma un crédito de consumo acelerado y una carga financiera baja, lo que preserva capacidad de endeudamiento. Estos factores sostienen el consumo y la demanda interna.
El gasto público seguirá elevado y aportando al PIB, aunque con un ajuste gradual. La moderación del gasto nacional podría compensarse con mayor ejecución regional y local, que suele acelerarse a medida que avanzan los periodos de gobierno: 2026 será el tercer año del ciclo subnacional —maduración de planes y proyectos— y 2027 el cuarto y último, que significará una fase de ejecución más intensa. Este patrón se reflejará en educación y salud, que sostendrán el consumo del Gobierno. Desde la óptica fiscal, el déficit permanecerá alto, con foco en el primario y en intereses. La convergencia será gradual, con contención del gasto nacional sin cortes abruptos que comprometan servicios.
La inversión será mixta: moderándose en maquinaria y equipo y acelerándose en construcción. En 2026, Maquinaria y Equipo (M&E) se moderará porque la demanda de bienes se enfría y una mezcla más orientada a servicios requiere menos M&E; además, tasas reales altas, y cierto crowding out fiscal, elevan el costo de capital. En 2027, M&E podría rebotar con mejor confianza e inversión extractiva.
En construcción, las obras civiles seguirán expandiéndose por la ejecución regional, que será más fuerte y de grandes proyectos (túneles, puertos, hidroeléctricas, metros y troncales). Las edificaciones no residenciales se recuperarán gradualmente, apoyadas por bajos inventarios de oficinas, comercio y bodegas. La vivienda continuará mejorando con el ingreso de los hogares; a medida que el consumo se modera, una mayor fracción del ahorro se dirigirá a compras de vivienda, y los indicadores ya muestran mejoría desde niveles bajos. Aun así, rendimientos soberanos de largo plazo —vinculados a tasas hipotecarias— limitarán la velocidad del rebote.
El sector externo actuará como amortiguador, no como motor. En 2025, las importaciones aumentarán con la normalización del gasto doméstico, mientras las exportaciones mejorarán a un ritmo más acotado por oferta interna ajustada y un entorno global solo moderadamente favorable; el resultado será una contribución negativa de la demanda externa neta. Entre 2026 y 2027, prevemos mejoría gradual: mayores exportaciones de bienes y servicios a medida que se normaliza la producción local y se consolidan nichos de servicios, con importaciones a un ritmo más equilibrado. Aun así, el déficit comercial seguirá elevado y, junto con intereses y utilidades al exterior, presionará el déficit en cuenta corriente, que se mantendrá financiable y casi totalmente cubierto por la Inversión Extranjera Directa (IED).
En este contexto, el tipo de cambio se mantendrá relativamente firme en el corto plazo, con volatilidad intermitente asociada a tasas globales, noticias geopolíticas y flujos del sector público. El diferencial de tasas y una política monetaria cauta darán soporte, pero el mayor dinamismo de importaciones y la normalización del gasto doméstico limitarán apreciaciones adicionales.
Entre 2026 y 2027, el peso enfrentará volatilidad de dos vías: más intensa en la primera mitad de 2026 por factores locales (ciclo político) y más acotada después, con la economía cerca de su potencial. La cobertura de la cuenta corriente con Inversión Extranjera Directa (IED) ayuda a anclar la balanza de pagos, pero un déficit comercial elevado y pagos de intereses externos persistentes frenarán apreciaciones sostenidas. En suma, en 2026 esperamos un peso (COP) estable en promedio, con oscilaciones y posibles episodios de devaluación a mediano plazo por factores estructurales.
Por otro lado, la inflación debería retomar una senda descendente de forma gradual, con avances intermitentes y pegajosidad en servicios. Los focos de atención serán la indexación (en particular el salario mínimo), los precios regulados y algunos alimentos, mientras los transables aportarían algo de desinflación en el margen. En este marco, la convergencia será paulatina y dependiente de los datos. Para la política monetaria, el punto de partida es una postura restrictiva en términos reales y una Junta que privilegiará la cautela. El Banco de la República mantendrá el foco en anclar expectativas y asegurar la convergencia de la inflación antes de nuevos movimientos, evitando preanunciar trayectorias. Cualquier ajuste dependerá de que la desinflación se consolide y de que los riesgos de segunda vuelta permanezcan contenidos; sin esas señales, la estrategia seguirá siendo gradual y prudente.
Inversión para un crecimiento sostenible: reducir el “costo Colombia”
Hay un punto central que debemos tener en cuenta: Colombia crece anclada en la demanda, principalmente por el consumo privado y el gasto público. Eso es sostenible en el corto plazo, pero no eleva por sí solo el PIB potencial; cuando la demanda avanza más rápido que la oferta, surgen presiones inflacionarias. Para un crecimiento más sostenible y menos inflacionario, el reto ineludible es aumentar la inversión y la capacidad productiva.
Para destrabarla hay que reducir el “costo Colombia” con una agenda en logística e infraestructura (mejor conectividad vial y portuaria, proyectos urbanos y energéticos confiables), simplificación regulatoria y tributaria (menor complejidad y mayor previsibilidad) y menor costo de crear y hacer crecer empresas (licenciamiento ágil, ventanillas únicas efectivas, menores tiempos y trámites).
A esto se suman la seguridad jurídica, una mejor justicia económica, la profundización del mercado de capitales para proyectos de largo plazo y la capacidad de ejecución regional y local —clave para que las obras civiles se traduzcan en productividad—. El objetivo es claro: un perfil de crecimiento no inflacionario, donde la oferta se expanda a la par de la demanda. Con esta agenda, la inversión privada y pública puede ganar tracción, elevar el potencial de crecimiento y llevar a Colombia a una expansión más estable, más productiva y menos sensible a presiones de precios.

