Edge: más allá de la vivienda

Edición 109 |
  • Colombia lidera el escalafón mundial de metros cuadrados certificados con Edge. Ahora, el reto es extender esa cultura de eficiencia a hoteles, centros de salud, colegios, bodegas logísticas, centros comerciales y puertos.

Las cifras de la construcción sostenible en Colombia son contundentes: Colombia suma más de 25 millones de metros cuadrados certificados con Edge y es número uno en el mundo; un logro sin precedentes, si se tiene en cuenta que este certificado opera en más de 130 países.

Esto confirma que la sostenibilidad en el sector constructor ya no es un valor agregado y se convirtió en un factor determinante de competitividad. En este nuevo escenario, la certificación Edge (Excellence in Design for Greater Efficiencies, una innovación de la Corporación Financiera Internacional (IFC), miembro del Grupo Banco Mundial) se posicionó como una herramienta eficiente y accesible que va mucho más allá del segmento residencial.

Colombia ya demostró con la vivienda, especialmente con proyectos de interés social, que la construcción sostenible llegó para quedarse, gracias al trabajo de CAMACOL como proveedor exclusivo de la certificación en el país. Hoy, ese logro es la base para una nueva etapa: llevar la cultura de la eficiencia al universo de las oficinas, el comercio, los hoteles, los centros de salud, la educación, la logística y la infraestructura.

Tipologías que pueden certificarse

El portafolio de posibilidades para certificarse con Edge es grande y abarca hoteles, hospitales y clínicas, colegios y universidades, centros comerciales, oficinas corporativas, puertos y aeropuertos, e industria ligera.

¿Pero por qué certificar edificaciones no residenciales? A diferencia de la vivienda, otros usos presentan características que amplifican el impacto de la eficiencia: operan durante más horas al día, concentran un mayor número de usuarios y generan costos de servicios públicos significativamente más elevados. 

Por ejemplo, un hospital no cierra nunca; un hotel mantiene sus sistemas de climatización, iluminación y agua caliente en funcionamiento constante; un centro comercial consume energía a escala industrial durante toda su vida útil. En todos estos casos, cualquier mejora en eficiencia se traduce de forma directa en ahorros operativos recurrentes y en una mejor rentabilidad del activo.

La lógica de Edge es poderosa en su sencillez: para certificarse, un proyecto debe demostrar al menos un 20% de ahorro en energía, un 20% en agua y un 20% en la energía incorporada en los materiales de construcción, comparado con un edificio convencional de referencia local. El sobrecosto de inversión para alcanzar ese umbral varía entre el 0% y el 3% del presupuesto total, un margen que se recupera con creces a lo largo de la operación del edificio.

En edificaciones no residenciales, Edge no solo reduce el impacto ambiental, sino que mejora directamente la rentabilidad del proyecto a lo largo del tiempo. La eficiencia se convierte en argumento de negocio (ver recuadro: Las siete ventajas que hacen la diferencia).

Vender sostenibilidad con datos concretos

Edge no solo certifica: les da a los desarrolladores un lenguaje común con inversionistas, arrendatarios y compradores. La plataforma digital gratuita del sistema permite simular los ahorros desde la etapa de diseño, generar reportes con cifras reales y posicionar cada proyecto bajo estándares internacionales respaldados por elGrupo Banco Mundial. Eso transforma la sostenibilidad de un argumento intangible en una propuesta de valor medible.

A esto debemos sumarle que Edge permite demostrar ahorros reales en energía, agua y materiales; estándares internacionales con respaldo de la Corporación Financiera Internacional (IFC) del Banco Mundial; y retorno de inversión desde la etapa de diseño.

En un entorno donde la regulación avanza –la Resolución 0194 y el Decreto 676 son señales claras de ello–, y donde los clientes corporativos exigen cada vez más credenciales ambientales a sus espacios, anticiparse con Edge es una decisión estratégica, donde la clave está en no esperar a que la norma lo exija, sino liderar el estándar.

RECUADRO

Las siete ventajas que hacen la diferencia

Reducción de costos operativos

  • Ahorros en energía y agua
  • Menores costos de mantenimiento
  • Impacto directo en el flujo de caja

Mayor valor del activo

  • Más atractivo para inversionistas
  • Incremento en valor de venta o renta
  • Mayor valorización en el tiempo

Diferenciación en el mercado

  • Proyectos más competitivos
  • Respuesta a demanda sostenible
  • Ventaja frente a oferta tradicional

Atracción corporativa ESG

  • Empresas con metas ESG prefieren espacios sostenibles
  • Mejora en tasas de ocupación
  • Mayor fidelización de usuarios

Financiamiento verde

  • Condiciones preferenciales en entidades financieras
  • Alineación con criterios de sostenibilidad global

Cumplimiento normativo

  • Alineación con Resolución 0194 y Decreto 676
  • Facilita verificaciones regulatorias
  • Reduce riesgos normativos

Impacto ambiental

  • Reducción de huella de carbono
  • Uso eficiente de recursos
  • Contribución a metas de sostenibilidad