Construir pensando en cómo envejecen los colombianos
Por: Jim Biggs, fundador y CEO de JASS International
Mientras me preparo para participar en el Congreso Colombiano de la Construcción en Cartagena, una lección que he aprendido tras décadas de experiencia en vivienda para adultos mayores vuelve a cobrar relevancia: el error más costoso al desarrollar soluciones habitacionales para una población que envejece es copiar el modelo de otro país.
La tentación es encontrar un proyecto exitoso en el exterior, replicarlo y asumir que la demanda llegará por sí sola. Sin embargo, un edificio que funciona en Florida puede no funcionar en Bogotá. He visto fracasar este atajo una y otra vez, porque la vivienda para adultos mayores no es simplemente un negocio inmobiliario; es un compromiso que debe responder a las necesidades operativas y culturales de sus residentes.
Colombia está envejeciendo rápidamente. Cerca del 10 % de los colombianos tiene más de 65 años y, según las proyecciones del DANE, para 2050 esta proporción llegará a uno de cada cinco habitantes. Además, la tasa de fecundidad cayó a 1,0 hijos por mujer en 2025. Tradicionalmente, el cuidado ha ocurrido en el hogar y la atención institucional ha estado rodeada de estigma. Pero, a medida que las familias se reducen y los hijos adultos trabajan tiempo completo en las ciudades, depender exclusivamente del cuidado en casa se vuelve insostenible.
La oportunidad es real, pero exige construir a partir de las condiciones locales. En Bogotá, Medellín o el Eje Cafetero, estos proyectos deberían concebirse no como centros médicos, sino como una evolución en la calidad de vida, sustentada en la hospitalidad, las relaciones sociales y el bienestar preventivo.
Principios fundamentales
Desarrolladores e inversionistas deben tener claros cuatro principios fundamentales. El primero es entender que las necesidades de los residentes cambian con el tiempo. Una persona de 65 años activa e independiente, tiene necesidades muy distintas a las de alguien de 85 que requiere ayuda para bañarse. Una comunidad que comienza con residentes de 65 años en promedio puede acercarse a los 80 quince años después. Por eso, los mejores proyectos permiten pasar de una vida independiente a esquemas de cuidado y acompañamiento sin tener que mudarse. La arquitectura, el personal y los servicios deben planearse pensando en esa evolución, no solo en el presupuesto inicial.
El segundo es resolver los detalles operativos. Las caídas son la principal causa de lesiones en mayores de 65 años y amenazan su independencia. Las duchas sin desniveles, las puertas de baño que abren hacia afuera y los sistemas de detección de caídas sin cámaras son indispensables. Integrados con telemedicina y monitoreo pasivo de salud, convierten el edificio en una herramienta activa para promover la longevidad. Además, debe evaluarse desde la perspectiva de quienes lo operan: un edificio difícil de gestionar seguirá siéndolo durante décadas.
En tercer lugar, deben tener presente que construir para las familias colombianas es igualmente esencial. Una comunidad no debería exigirles renunciar a su papel en el cuidado de sus seres queridos. Los espacios de encuentro, la gastronomía familiar y las actividades culturales y religiosas permiten mantener esos vínculos mientras se recibe apoyo. Las amenidades pueden atraer residentes, pero la calidez y consistencia del equipo humano son las que hacen que permanezcan.
Los proyectos deben responder a las realidades financieras y regulatorias del país. En términos generales, las EPS cubren la atención médica, pero no el alojamiento y la alimentación en una residencia para adultos mayores. Por eso, este mercado depende principalmente del pago privado. Antes de definir el proyecto, hay que entender quién pagará y qué valora. También deben contemplarse desde el inicio las autorizaciones de funcionamiento de las secretarías de salud y los requisitos de habilitación para prestar servicios de salud a quienes necesitan atención médica continua.
Nada de esto puede añadirse eficazmente después de construir. Mi recomendación es diseñar primero el modelo de operación y dejar que este oriente el edificio. Arquitectos, constructores y operadores deben trabajar juntos desde el comienzo para responder tres preguntas: a quién atenderán, quién pagará y cómo evolucionará el cuidado cuando cambien las necesidades.
Colombia puede convertirse en un referente latinoamericano en vivienda para la longevidad. Tenemos talento de primer nivel en salud, ciudades vibrantes y profundas tradiciones familiares. El objetivo no es copiar el modelo estadounidense, sino aprender de él para construir una propuesta auténticamente colombiana. Me honra acompañar a los líderes del sector inmobiliario en Cartagena para continuar esta conversación.
