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                                    Adicionalmente, la propuesta de modificar los topes de la Vivienda de Inter%u00e9s Social (VIS) afectar%u00e1 la din%u00e1mica del segmento social, reduciendo lanzamientos e iniciaciones. Las estimaciones indican que, solo por este factor regulatorio, las iniciaciones disminuir%u00edan en cerca de 40 mil unidades en 2026, con impactos no solo sobre el empleo y el crecimiento, sino tambi%u00e9n %u2013de manera indirecta%u2013 sobre la inflaci%u00f3n futura.La realidad es clara: la vivienda no es %u00fanicamente una pol%u00edtica social y un motor sectorial, es un ancla macroecon%u00f3mica. Cuando la producci%u00f3n formal es insuficiente frente a la formaci%u00f3n de hogares, el ajuste se materializa en mayores arriendos y m%u00e1s presi%u00f3n sobre el %u00cdndice de Precios al Consumidor.Garantizar una oferta de vivienda acorde con la din%u00e1mica demogr%u00e1fica no es una meta sectorial aislada; es una condici%u00f3n necesaria para la estabilidad de precios y para la protecci%u00f3n del ingreso real de los colombianos.En la coyuntura actual, fortalecer la producci%u00f3n de vivienda formal no solo impulsa el crecimiento: contribuye de manera directa a la estabilidad macroecon%u00f3mica del pa%u00eds. Entender este v%u00ednculo es clave para dise%u00f1ar pol%u00edticas p%u00fablicas coherentes con ese objetivo. El incremento del salario m%u00ednimo del 23% %u2013muy por encima de la suma de inflaci%u00f3n y productividad%u2013 aumenta los costos de construcci%u00f3n entre 10% y 15%, considerando el peso de la mano de obra y sus efectos indirectos sobre insumos y servicios.34 Actualidad Revista
                                
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